Lycocenta es una experiencia interactiva desarrollada por estudiantes de la carrera de Técnico Agrícola del CFT Santo Tomás Arica, que muestra cómo los tomates descartados en la cosecha pueden transformarse en cosmética natural. El proyecto nace de un diagnóstico realizado con agricultores locales, que reveló que gran parte de las mermas de tomate se elimina o se aprovecha solo parcialmente, generando costos para los productores y un impacto ambiental en el territorio. A partir de esto, las estudiantes diseñaron un proceso para extraer licopeno, el pigmento antioxidante que da el color rojo al tomate, y utilizarlo en un sérum facial con aceite de uva y un bálsamo labial con cera de abejas. El público recorre el stand a través de cuatro estaciones que reproducen el camino del tomate, desde el campo hasta el producto final: Estación 1. El descarte. Los visitantes observan y comparan tomates comerciales con tomates descartados por golpes, cortes o tamaño, y descubren por qué estos frutos no llegan al mercado. Las estudiantes explican, con datos de su encuesta, qué ocurre hoy con estos residuos en los valles de Arica. Estación 2. El secado. Se exhiben muestras del tomate en sus distintas etapas: fresco, deshidratado y molido. El público puede tocar y comparar las texturas, y aprende por qué el secado debe hacerse entre 55 °C y 60 °C para no destruir el licopeno. Estación 3. El rojo que protege. Mediante una demostración visual sencilla, los visitantes ven cómo el pigmento rojo del tomate se traspasa a un aceite vegetal, y se explica de forma simple qué es un antioxidante y cómo actúa sobre la piel. Estación 4. Conoce Lycocenta. Se presentan el sérum y el bálsamo labial en sus envases, y se explica por qué se usan frascos ámbar y tubos opacos para proteger el producto de la luz. Los visitantes pueden conocer la textura y el aroma de los productos. ara cerrar, cada persona deja su huella en el muro de economía circular, escribiendo qué residuo de su casa, su barrio o su campo podría convertirse en un nuevo producto. El muro crece durante todo el festival y se transforma en un mapa colectivo de ideas para el territorio. La experiencia dura entre 10 y 15 minutos y está pensada para todo público: escolares, familias, agricultores y amantes de la cosmética natural. Las estudiantes guían cada estación y conversan directamente con los visitantes, mostrando que la ciencia también nace en el campo y que un residuo puede convertirse en una oportunidad.